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No pierdas tu vida en personas que no quieren ser parte de ella

La vida es muy corta como para invertirla en alguien que nos ha demostrado de alguna manera, que tiene un plan distinto a recorrer un camino a nuestro lado.

Los sentimientos no se imponen, ni las decisiones se obligan. Y en resumidas cuentas todo pasa realmente rápido como para dedicar nuestro tiempo a conquistar sin ninguna reciprocidad, un corazón.

Una persona puede tener mucho mérito al haberse ganado nuestro corazón, pero si esa persona no está dispuesta a retribuirnos, no hay mucho que podamos hacer. Enamorarnos siempre se siente bien, cuando tenemos que ser realistas y objetivos, es que se manifiestan los dolores. Y una de las cosas que más duele es amar a quien jamás nos amará de la manera que deseamos.

La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener. – Gabriel García Márquez

Decisiones inteligentes

Pero no tenemos que ser tan caprichosos, hay un abanico prácticamente infinito de posibilidades, ¿por qué debemos fijar nuestra atención justo en quien no nos corresponderá? Pues ¡a veces tenemos esa capacidad para atinar!

No podemos volver el tiempo atrás e impedir hacer o sentir lo que hasta el momento se ha desarrollado. Sin embargo, podemos decidir qué hacer con eso en el presente. Y señores, cuando alguien solo pretende “hacerse el duro”, pues eso se distingue bastante bien, del que no muestra ningún tipo de intención de correspondernos.

El primer caso es manejable, los más dispuestos, se lanzarán a esa aventura de desnudar armaduras, pero en el segundo caso, solo los masoquistas o los que les falta un poco de amor propio, permanecerán.

Si te quieren se nota…

Cuando alguien nos quiere a su lado, no nos lo andamos preguntando, lo sentimos y listo. Si la duda existe y peor aún, la creencia de que esa persona no nos quiere a su lado, si tenemos una apreciación medianamente sana de nuestras relaciones, es un buen momento para reconsiderar continuar participando en esa dinámica.

Es como cuando jugamos Monopolio y ya no tenemos manera alguna de recuperarnos, pero queremos seguir dando vueltas por el tablero, despojándonos en cada casilla en donde caemos de lo poco o nada que nos quede, haciendo un llamado a la compasión de los otros participantes, en lugar de aceptar que en ese juego se dio lo mejor (o no), pero se perdió y dedicarnos a hacer algo mejor con nuestro tiempo, hasta que en algún momento se inicie una nueva partida.

El tiempo siempre cuenta

Muchos tenemos la capacidad de quedamos más tiempo del que deberíamos en relaciones inconvenientes, en donde a veces solo para nosotros existe una relación. Y podemos pensar que como ya llevamos tanto tiempo invertido, ¡no debemos retirarnos! El resultado es pérdida y más pérdida.

“Creo que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte. Como el guante izquierdo enamorado de la mano derecha”.– Julio Cortázar

Al no marcar retirada de forma oportuna perdemos tiempo, valioso e irrecuperable, energía, recursos, oportunidades, en especial de prestarle atención a quien podría compartir un camino con nosotros, por voluntad propia. Sin tener que convencerlo o manipularlo para ello, sino porque quiere, porque nos prefiere, porque se proyecta con nosotros en su futuro…

Afortunados seremos si comenzamos a ver esas oportunidades y nuestro corazón siente esa conexión con quien podamos compartir un proyecto común.

De cualquier manera, nada ocurre de forma aleatoria, hemos atraído una experiencia a nuestra vida en donde lo que damos, no viene de vuelta de ninguna manera y eso es simplemente un llamado para vernos a nosotros mismos de forma diferente. Es un llamado a querernos y cuidarnos y desde allí comenzar a atraer personas que en sintonía a lo que llevamos dentro y podemos ofrecernos y ofrecer a los demás, puedan correspondernos.

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